“el que abandona no tiene premio”
Bartis es un sunita lanzagranadas, un tipo de muy variados recursos, un hombre bajito, un maestro grande, un tipo que va al frente y se banca su historia.
Sin embargo luego de tres jornadas (sobre seis) del seminario intensivo que dictó en Azul, hice mutis por el foro, no sin contradicciones y abandoné sin el premio. Ser una chica Bartis, como Machin, Pompeyo, como Villamil. Me consolé pensando que soldado que huye puede mostrar cicatrices. Y las palabras de la lengua filosa y popular del maestro no dejan pocas esquirlas a quién quiera escucharlas: “Actúa quién tiene el deseo, quién va al frente”, “el actor comercia desde hace siglos con fuerzas extraordinarias, no se puede esperar del teatro una módica experiencia” “la actuación tiene una posición lumpen pero hay que salirse de ahí, hay que trabajar o estudiar la técnica, sino se lucra de los beneficios de un actor y en realidad se es un pelotudo”…
Dice y hace, se mueve, ordena y reordena, tiene además un gran registro de cada participante.
Algunos indeseables mas limitaciones propias, la imposibilidad del grito, de palabras precisas, la falta de humor, la gravedad sumada a la paranoia, mas un poquito de moco y tos hacen imposible una buena digestión de esa transmisión potente, al borde de la fiebre.
Nunca afloja un correntino, canta Teresa Parodi pero, pero, pero... faltó el coraje, el ansia de actuar. Esa tristeza fue breve, salir al sol en la proximidad del arroyo, un perro bañándose, unos niños llamándome profe fueron la llave para repensar el teatro con alegría.
Que en otro momento fue razón de vida, que fue targo (pronúnciese con r), que fue rock, que supo ser folclore, que fue excusa para la amistad y el amor, como cuentan muchos la excusa para salir a comer después de una función, y que hoy es motor de trabajo, es ir ampliando de a poco las fronteras de lo posible.
Ariel Eunuco Bufando.