viernes, 31 de julio de 2009



Felipe Vallese
Escuché que unos chicos preguntaron: “quién parará esta lluvia”; otras personas estaban escuchando la misma pregunta y, a su vez, comenzaron a formularla; el dependiente, el despachante de bebidas de importación; hasta pulperos y uruguayitas y otros hermanos continentales abandonaron la vieja y estúpida rivalidad, despejando las nubes de misterio y confusión sobre la tierra, para preguntar precisamente: “who stop the rain”. Guardianes del orden se aventuraron en la desesperación para preguntarse también: “quién parará la lluvia”y la pregunta rodó de mano en mano, hasta llegar a los oídos acolchonados de torturadores, especialistas de toda calaña que nunca pudieron zambullirse en la gloria del sol: “Quién parará la lluvia”, decían unos y otros y los tontos y los pillos trataban de conjurar el clamor, los nuevos aires que se desataban con las lluvias, el amor que arranca con las tormentas: “quién parará la lluvia”, decían los enfermos, los desamparados, los derrotados y los satisfechos que dejaron de serlo inmediatamente después de preguntar: “quién parará la lluvia”. De inmediato los éxitos se derrumbaron como pestes triunfales, el New Deal se enredó en sus cadenas doradas, el doctor Frondisi no se dio cuenta. Los muertos se plegaron al desafío: asesinados llegaron a levantar la cabeza lacerada y miraron de frente, requirieron: “quién parará la lluvia”. Y la pregunta se generalizó como los temporales, empujó los cielos y abrió las luces del espacio.

Paco Urondo, extraído de la sección Poesía de la Revista Ñ del 04032006

martes, 28 de julio de 2009

Ayer nomas..



La morocha que atiende la fiambrería del chino de Rivadavia, muestra los dientes relucientes, filosos como cuchillas mientras los hombres que esperan tras el vidrio de la heladera ser cortados en finas fetas por esos ojos negros, traicioneros (que la traición es peldaño de poder), se impacientan, transpiran las manos donde aboyan y apelmazan el papelito verde con el número negro del rollo de turnos.
Ella escribe números con una birome azul donde me envolvió, salame y queso, mientras le imagino el pucho en la oreja, sobre ese pelo renegrido y tirante que se recoge atrás, en rodete, por la higiene de todos los consumidores ávidos.




Tal vez fueron las cenizas mal apagadas de un pucho en la cama del no-ve-no-ce, tal vez los nenes del segundo asesinando hormigas a encendedor y raid. Tal vez las chispas de un cable pelado. ¿Pero que importa que fue primero? Las llamas transformaron los cuerpos en plástico y en caramelo antes de devorarlos. Ese infierno es terrible, es la cara de Benitez echando fuego por la boca, mutando tigre, siendo fuego para volver al polvo.



el 60 desgarra el aire.¿Chirrido de velocidad o dolor de viejas chapas? Atrás el humo, todo el humo y los autos algo más silenciosos van dibujando en mí, el video de los Chemical Brothers pero no es música. Ese ruido variable y permanente es velocidad, es locura, es otra cosa pero no es música. Miro algunas caras, miro sin contar el número, antes de dejar de ver. Antes de mirarme, de revisarme sentado, mirando afuera, con este desorden dentro.

miércoles, 15 de julio de 2009

Lluvia (Raúl González Tuñon)


Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.
Otras veces cae con furia y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
Sus tambores acunan nuestras noches y la lectura corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los ademanes y las palabras de ellos. Todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la violencia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada. Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las venas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan
poderosa que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos dos sombras y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte. Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo. Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Intima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.

miércoles, 8 de julio de 2009

“Cuando la critica literaria te caiga mal, tomate una buscapiglia.” N Q S T B. Revista virtual.
“Ya habremos de encontrar el modo de encontrarnos.”Marcelo Maggi a Renzi, en Respiración artificial.

La discusión Borges-Arlt de Marconi-Renzi fue el eje del fragmento de lo que ella me leyó en el blando sillón, para referenciarme la lectura de ese librito de tapas azules, de la Biblioteca Argentina La nación, que me prestaba. No se si fue su precisión para elegir desde donde hasta donde leer, su entonación rápida, maravillada o que ese libro se convirtió en otro objeto bastante mas parecido a esa flor marchita que alguien trajo de un viaje al futuro.
Lo cierto es que empecé a rayarlo con lápiz para que quedara huella de mi lectura aunque pudiese borrarse con goma y paciencia; marqué frases, giros tales como, quedo medio tócate un tango o antes que empezaran a felpearlo. Luego frases complejas inteligentes como: “¿Qué es el exilio sino una forma de la utopía?”o “En el telar de esas falsas ilusiones se tejen nuestras desdichas.”
Y alguna menos complaciente casi masoquista de culposa.
“…, no bien los hijos de mamá se van de casa, la realidad se les convierte instantáneamente en una representación figurada de lo que fue por ejemplo para Hermann Melville dedicarse a cazar ballenas en el mar blanco.”

Ella me pedía una carta y me largue a atar cualquier asociación con respecto a la novela en pequeños párrafos sobre el cuadernito Gloria, con el fin de enviarle el revés luminoso del tapiz, algo que hable de otra cosa, no una carta de amor, una crítica literaria.

En google encontré varios artículos sobre la novela y referencias a libros publicados con estudios, parece que la novela salio a la calle en el contexto de opresión de la dictadura y si los milicos no la censuraron fue porque eran incapaces de leerla en su contenido.
Hay una monografía donde habla el autor, de cómo hay núcleos de relatos que circulan en una sociedad donde se condensa cierta información, donde hay puntos de fuga, donde el estado, en ese momento represor, con su poder de discurso no podía evitar el desplazamiento de las palabras, las sombras en los rostros, en definitiva, la historia.
Fue Piglia quién hizo esa lectura y recorte para trabajarlo en literatura.
Hace decir en esa cita en ingles de T.S. Eliot que abre el texto “Tenemos la experiencia pero no su sentido, una aproximación al sentido nos restaura la experiencia”.
Cuentan además, los que estudian la novela, que Alberdi escribe desde el exilio, entre la premonición y el delirio, va llenando un baúl de papeles con su vida que se extingue.
Cuentan más, mucho mas, de lo que quiero leer, tal vez en otro carnaval sean otras las figuras que pueda presentar.

* Renzi dice en la mesa del café que no son ingenuos o azarosos los nombres que aparecen en los cuentos de Borges, que tienen relación con lo que se narra o son referencias veladas, para sostener esta argumentación da ejemplos entre los cuales menciona el cuento El indigno, cuyo protagonista es un tal Alt, apellido que con una r que a la vez es inicial de Roberto daría la clave para señalar quién sería este indigno de la literatura.
Ese mismo argumento tal vez se podría sostener en Piglia a la hora de pasar lista de nombres de personajes.
* Que Manuel Mujica Lainez, Manucho, la reina del estilo, es una cruza en el sentido del cuento de Kafka, ese que aparece en el compilado de animales fantásticos, de Borges.
Que es “… una mezcla tilinga de Hugo Wast y Enrique Larreta…” y se sigue despachando, Renzi, hasta llegar a decir que hay mas estilo en una pagina de Arlt que en todo Mujica Lainez.
Por momentos esta dinámica cobra la polémica, pero Manucho con: Los ídolos, La casa, Sergio y El brazalete es un escritor “bien de bien” que vale la pena tener en la biblioteca.
En los estantes de mi biblioteca olvidada, entre los libros que les regalaba a mis hermanas, además de bazofias de autoayuda y otra clase de best-sellers, apareció como esperando “Flor de durazno” de Hugo Wast. Supongo que Enrique Larreta será pariente del Horacio macrista que por estos tiempos gobierna la lejana, ciudad de Buenos Aires.

* Cuando Marconi, el poeta del interior, hablando del auge de las nuevas tendencias que llegan de las grandes urbes, cuenta una historia de unos gauchos en una pulpería, donde con la punta de un cuchillo, un gaucho escribe en el piso de tierra para salvar una disputa “semiológica” sobre la posibilidad de la escritura. Además de ser un buen chiste para graficar la circulación cultural de las ideas, es un chiste a Borges que en el universo gauchesco tuvo la pretensión de afirmarse en tierra para ser de cara al viento piel curtida, ojos de atardecer.

* Que Arocena el tipo que aparece en boca del senador como decodificador de las cartas de Ossorio, es también el nombre de un lugar de Santa Fe, sitio geográfico hacia donde viaja la novela.

* Maier y Arregui dos parroquianos que forman allí “un dúo pedagógico perfecto”, Maier, el profesor nazi, podría ser con una l el polémico escritor yanqui Mailer y Arregui es el nombre del compañero de celda de Molina en “El beso de la mujer araña”.
Referencia a Puig como también al momento de versar sobre la novela epistolar, o las distintas cartas que aparecen en la intertextualidad de Respiración artificial, recurso utilizado en “Boquitas pintadas” para conocer el rastro de Juan Carlos en las cartas de Nené a su madre. Tanto en “El beso de la mujer araña” como en “Pubis angelical” Manuel Puig aborda la realidad desde la ficción, la militancia, la violencia, la revolución, desde afuera del país, del exilio, desde la ruptura o la creación de un propio estilo en el decir de su escritura.

* Me dicen que La estancia donde lo recibe a Renzi el senador, es tal vez la Eterna de Macedonio Fernandez, donde todo es discurso, forma y pensamiento, desapegado de los bienes materiales que no hacen a la necesidad, separado de su familia, el senador, va confundiendo las fronteras del sueño y la vigilia, el pasado, el presente, el espacio, la distancia, van construyendo ese relato por detrás de la muerte siempre presente y siempre suspendida.

Piglia referencia otros textos y escritores en distinto modo, codificando la escritura sobre la escritura, palimpsesto donde se superponen distintos niveles de significación sin llegar a complicar un estilo simple de lectura fluida. Las menciones no siempre son explicitas.

Cuando aparecen Kafka, Hitler, el hospital, la enfermedad, las oraciones son breves, el estilo seco, directo, repetitivo. Es la sombra y la luz de Andrés Rivera, o su mueca la que se hacen cargo allí del relato.

Hay un gordo que todas las noches se emborracha solo en el bar y sin embargo “mantiene una extraña dignidad”. Se cuenta de él, que limpiando su escopeta, mató a su mujer de un tiro en la cara. Ese gordo para mi no es otro que Barrios o el mismo Saer que en “Cicatrices” narra la peripecia de Fiore que mató a su mujer con dos tiros de escopeta en la cara.

Martín Kohan menciona en una entrevista de televisión que sin conocer a los simbolistas rusos algo se pierde de Respiración Artificial. ¿Pero quién es Martín Kohan? ¿Y cuales los caminos de la lecturas tras la ficción de Piglia?

lunes, 6 de julio de 2009



"Pues no es para este mundo, nunca es para esta tierra, que todos hemos para siempre trabajado, luchado, aullado el dolor de hambre, de misería, de odio, de escándalo, de asco, que todos fuimos envenenados, aunque todo ello nos haya embrujado, hasta que por fin nos hemos suicidado, !pues acaso no somos todos, como el mísero Van Gogh, suicidados por la sociedad!"

Van Gogh el suicidado por la sociedad. Antonin Artaud.

viernes, 3 de julio de 2009