viernes, 11 de febrero de 2011

“…triste como venís, no hace falta que te quedes así…” Musa rea.

Papá hace mil cosas y siempre está ocupado, por eso de mi se ocupa poco, por eso anoche me llevó a lo del abuelo. Tata es zapatero pero esta mañana casi no trabajó porque estaba conmigo; engrasamos unas maquinas del taller, escuchamos radio y yo dibujé mientras él leía el diario, después se puso triste, muy triste. Pero estando yo, no hace falta que se quede así, si Tata siempre esta alegre y se pone contento cuando estamos juntos matando a espada y trabuco a los fantasmas e insurrectos que quieren apoderarse del barco, somos los piratas de la Perla Negra. Tengo que dar un vuelco a esta situación, no hace falta que se quede así.

Tomé el diario y lo deshoje debajo de la mesa buscando en alguna foto o en las letras grandes de los titulares el motivo de su tristeza. Ni pensé en leerlo todo, si capaz que se puso triste porque en los chistes no vino Enriqueta, ni Fellini, ni el Robot sensible, que a él y a mí nos hacen tanta gracia.
Alumni ganó el domingo y el Ciclón también así que no será por el fútbol el problema, ni tampoco creo, por alguna noticia de robos o muertos que esas cosas le preocupan más a la abuela Julia.

El misterio no aparecía pero el diario como una alfombra iba ganado el piso del taller y yo gateaba buscando nuevas hojas, cuando Tata me miro y me pregunto qué estaba haciendo, ya no estaba tan triste, ya tenía en sus ojitos el brillo de siempre, entonces le dije que estaba descifrando el plano secreto de una misión que tendríamos que cumplir en breve que fuera y avisara a toda la tripulación. Pero con el bigote que se hizo grande arriba de su risa me dijo que tenía las manos pintadas de negro, que eran once y media y que la misión la íbamos a postergar para otro día porque teníamos que comer para ir después a la escuela. Casi me agarra a mí la tristeza pero Tata bajo lento por sus achaques y juntando los papeles, arrugándolos, manchándome con la tinta de una hoja en la cara me reto a duelo, peleamos un rato, nos dimos cosquillas, pellizcos y abrazos y quedamos despatarrados, cansados, felices debajo de la mesa con un montón de diarios como hojas caídas del otoño.

010510. Taller de escritura a cargo de Liliana Bodoc. Biblioteca Popular B. Ronco de Azul.

El niño Suri.

1 comentario:

Anónimo dijo...

el taller duró apenas dos clases, porq Liliana se enfermó y no pudo seguir viajando...
quedó ese texto y unos cuantos recuerdos...