(A Fran.)
¿Hay que decir verdad al escribir? ¿Esa mujer que subiendo la escalera viene sorteando la puerta, con su camperita de lana marrón y su pelo lacio, va a leer mis textos?
¿El farolito de papel de mi pieza, tamizara con su luz, todas las palabras? ¿Cuándo este acto de intimidad pasará a ser un desnudo de vidriera?
Me gusta escribir, supongo, porque me gusta mucho leer, entrar a vivir en esos universos fantásticos de rigurosas lógicas y trabajada belleza.
Las cartas a mamá, los mails a los amigos, las palabras desesperadas garabateadas cuando no era posible pensar o sentir claramente. Las notitas de amor, sobre cualquier papel, las listas de supermercado o de la verdulería; en cuadernos los registros de clases o ensayos, las dedicatorias de los libros en birome o lápiz.
Rayar y tejer, textos, dibujitos móviles animados de mundo.
Quién pudiera florecer desde tus ojos soñadores en fértil imaginación de lectores trasnochados.
escrito de agosto del 010, antes de entrar al freezer cibernautico
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